Mujer de caridad infinitaAbre tus brazos otra vez,Corazón oceánico de venas Bondadosas, labios de vastaPureza. Rabia, justicia luminosa,Lucha por el amor otra vez,Amada mía. Eres reina de mil soles,Eres todos los desamparados… Y luego eres tú, honesta Hermosura, honorable primor,Naturaleza sin fronteras, Como el secreto de tus afables… Profundos ojos de ensueño. El lamento de tus indefensos Recorre esa espalda de relucientes Diamantes, cual cuncuna dulceDe colores ligeros, cual luna En tu ventana, sobre tu Inmemorial Sonrisa tras las cortinas
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Sobre el árido corazón de piedras filosas,Mujeres que vuelan como gaviotas de un barniz cálido,Y todo el horizonte es infinito, sobrecogedor, miserable,Dulce ilusión, reflejo visceral de carnes asoladas.Truena aun el estrépito impalpable de la mano corroída, Los fierros aúllan y la rabia se funde con el viento,Descomunal espectro inquietando desde los años viejos,La guarida incierta, la amargura gris del eterno olvido.
Contempló con su bella e inocente mirada el horizonte marino. Sus ojos, tan expresivos, tan cordiales, etéreamente sensuales, ligeramente inocentes, se estremecían más y más mientras su danzante cuerpo se unía a las olas. Su ropa se impregnó en su sutil cuerpo, el cuerpo de una niña a punto de despegar por la marea de nuestras costas, y justo en donde se pierden los límites del cielo con el infinito, aguarda su presencia de mujer soñadora, sin edad ni tiempo,
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Nada puedo decir o hacer frente a sus Impasibles escudos, sus fieros leones. Sus zarpazos suicidas me han hundidoen lo más profundo y oscuro de este pantano de exasperantes dimensiones. Nadie es tan indomable como la que Hoy odia mis suspiros. No hay nadie Más que ella y su rabia. Ni los restosPodridos de una paciencia olvidada. Allí donde respiran sus venas, hay Una bola oscura que le pesa y la Envenena, crujen sus puños y con ellosatraviesa las penas,
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Uno y dos. Trepa al muro en garras traicioneras, sucias.Tres y cuatro. Cae al patio y congenia las dudas. Suspiro.Cinco y seis. De pronto huye de no-sé-quién-ni-a-qué-lugar.Siete y ocho. Ya esta lejos del peligro. O la eternidad.Nueve y diez. Fallece un cuento sin comienzo ni alma.Los personajes han muerto antes de ser descritos,la boca insana que se desprende de las cuevasAbismales de carencia imaginativa, hoy yacen libres y Sepultadas en el olvido del autor. Triste. Once y doce.
El capitán corazón de carne me ha sorprendido esta semana,Nos conocimos casualmente y ahora estoy intentando absorberParte de su agudeza, tan aborrecida como incomprendida. La vida es dura para los auténticos, y aquello puede ser lo másLúcido que argumente en toda mi vida, si es que no me detengo ahoraMismo y dejo de abandonar con intermitencia la sangre apresadaQue me permite derramar más plumas sobre el panel níveo, Refulgente de corriente, y tan moderno.Hay que drogar las penas y transformarlas
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Estoy hambriento de imitar tus mañas,
asesina del momento escurridizo.
Sí, me siento ansioso por desperdiciar las horas
esperando olvidarme de lo que creo indestructible.
Ojalá pudieras hacerme entender,
De alguna manera metafísica y sabrosa,
que no hay nada más que escombros
en nuestro imperio agónico,
alma horrible y petrificada.
Si fueran reales todos tus disparos,
Y apuntaras esta vez directo al pecho,
Los colores de estos días se volverían
Intensos y te destriparían sin dudarlo.
Así por fin tendrías
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Estaba escondido.Fui travieso, y entonces la pena fue el cadáver de la sombra.Hay guerras realmente sobrevaloradas,es cierto, hay relámpagos menos gloriosos de lo que esperaba.Ahora que la necedad es una constante en nuestro lenguaje,Te propongo rendirme ante tu indiscutible soberanía,tu indiscutible triunfo invisible, la palabra sellada a la boca.Yo te doy eso, y tú me das tu amor del color de la amapola.
Cuerpo escarlata, bañado de vida roja, mojado hasta las uñas,un nacimiento fue concebido antes de haber muerto en trizas,como una tortura entre las alas de un gorrión humano, sin cabeza,sin el alma perdida de los tiempos presentes, que yacen disueltosbajo el agua térmica de tus partes más sabrosas.Cómeme tú ahora. Si aliñas mi cuero ya no sabe tan mal.Te gusto de todas formas y de todas las formas,cuando me sorbes hasta los huesos y ni ocupas las servilletas.He olvidado los
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No voy a dar las gracias por estar vivo si cuando me muera nadie me va a pedir disculpas.