Content submitted by Sebastián Chávez Peña tagged with "musica"

Once: "Falling Slowly" de Glen Hansard y Markéta Irglová

Once (2006), la película del director John Carney es, además de un excelente musical, muchas cosas que vale la pena destacar: las honestas y más que correctas actuaciones de los protagonistas e intérpretes -y pareja en la vida real- Glen Hansard y Markéta Irglová; la innovadora manera en que se aborda un musical, utilizando una imperfecta fotografía que juega a favor, y unos diálogos que nada tienen de melosos, por lo que se contrastan muy bien con las aterciopeladas melodías durante todo el metraje; la historia que gira en torno a dos personajes que se encuentran de manera casual;

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"The Godfather" de Fantômas


El genio hiperactivo de Mike Patton ha dado fruto a grandes obras en el arte experimental de la música. Basta nombrar a las desaparecidas bandas Mr. Bungle o Faith No More para que ya se nos venga a la mente toda la demencia e inventiva del multifacético autor, quien nunca se conforma con sus proyectos y siempre está produciendo y reinventando más y mejor música. Aparte de Tomahawk, y hasta la fecha su nueva propuesta, Peeping Tom (título de por sí cinéfilo), uno de sus más esquizofrénicos y bizarros proyectos es la maniática banda Fantômas, súpergrupo que da

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Los discos de mi vida (2)

Muchas veces he pensado en el Apocalipsis. La primera vez que lo hice fue hace cuatro años atrás, por causa y efecto de una canción llamada “The Man Comes Around”, obra del venerado (especialmente por mí) maestro Johnny Cash. Pero cuando digo Apocalipsis, me refiero a lo que queda después de la catarsis universal; “el post Apocalipsis”. Porque para el momento de la destrucción total del mundo se me vienen muchas canciones a la cabeza, como “Paralyzed” de The Cardigans, “Retrovertigo” de Mr. Bungle, o algunas tonadas de Explosions In The Sky o Sigur Rós, por ejemplo. Sin embargo, para ese preciso y sutil instante del “post Apocalipsis”, son pocas las canciones que calzan a la perfección con la visión pictórica que yo he construido y visualizado en mi cabeza de lo que sería la continuación del final de la existencia. A ver… imaginen. El cielo oscuro, brumoso, con leves borrones de un color carmesí intenso. Sólo desierto, un desguarnecido paisaje sin nada más que escombros, iluminado por la tenue luz que se acerca detrás de las colinas, proyectada por los moribundos sobrevivientes de la catástrofe. Algo así. Bueno, antes no podía describirlo tan bien como ahora, pero después de escuchar el primoroso, extravagante y naturalista disco de Devendra Banhart, ‘Rejoicing in the Hands’ (2004), el hecatombe se reveló solo ante mí. (Read more)

Los discos de mi vida (1)

La música es tan inmensa que a veces explicar lo que uno extrae, lo que se experimenta a través de ella puede llegar a ser un ejercicio inevitablemente superfluo, o en peor de los casos imposible de concretar si se intenta. Quizás porque de todas formas la música no es más que una melodía bien acomodada, tan sólo eso. Por lo mismo, siempre creemos -y lo constatamos- que se trata de algo mucho más sustancial; un mar de reflexiones adornadas, un destape histérico de rebeldía contra las propias cadenas que nos imposibilitan a ir más allá, a romper las barreras de lo que nos auto imponemos como erróneo dentro del sistema robótico-social que certificamos involuntariamente. La mera posibilidad de que un mensaje intangible sea enmascarado en una imagen acorde a algún movimiento cultural. O mucho más.

O eso, o que la música simplemente nos guste porque esté ahí, justo cuando la necesitamos. Cuando todos están contigo, y después, incluso, cuando todos se van, pues la música nunca abandona. Porque no juzga, no es rencorosa. No quita, simplemente entrega. Esa es la esencia de la música, una técnica natural, de su propiedad, la cual despierta todo un tesoro de conocimiento innato en nuestro interior con ritmos, sonidos, atmósferas, minutos, evocaciones abstraídas e inigualables con cualquier otra sensación; dulces, amargas, eternas o fugaces, aquellas que siempre dejan huella.

Es por eso que quiero escribir sobre los discos que me han marcado, han subrayado etapas más memorables de mis años en tierra, y me han influenciado espiritualmente en mi forma de ver el mundo y entender la vida.

Me gustaría empezar esta hilada de artículos con un disco infravalorado, cuyo atractivo es la simpleza y humildad de su autor, más el constante rasgueo de las cuerdas y la profunda melancolía que se desprende de ellas; Going Somewhere (2001) de Colin Hay.

Se trata de un álbum completamente acústico, y que a pesar de todo, su dinámico contenido se disuelve en una sola balada mortal, perfecta para nuestros momentos más imperfectos; un interesante compilado de canciones artesanales interpretadas con una voz honesta, tan poderosa como apasionante, cuya riqueza recae en las sabias letras que el ex Men At Work comprueba con canciones como la dulce “Beautiful World”, la reflexiva “Children on Parade”, o la infinitamente triste “Waiting For My Real Life To Begin”, tema que originalmente fue compuesto en 1994 junto al músico Thom Money.

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El día que murió la música

"American Pie" es una de las canciones más conmovedoras de la historia del folk norteamericano, y cómo no, de la música en general de todos los tiempos. Dos generaciones (50’s y 60’s) retratadas sutilmente por uno de los mejores cantautores que parió el ocaso de la década de los 60’s (aunque este mismo no se sintiera muy orgulloso de aquellos tiempos), claro, así es, Don McLean. El estremecedor y apasionante músico estadounidense que cantó sobre el día que murió la música. Este artículo lo recopilé y modifiqué gracias a la meticulosa observación planteada en http://agaf74.blogspot.com/ y a la traducción de la letra que extraje de http://cancionestraducidas.vivelaweb.com/. ¡Interesantísimo y enternecedor! (Read more)

1001 discos que hay que escuchar antes de morir

Yo nunca me he considerado un erudito en sabiduría musical, pero sí estoy consiente de mi inquietud por aprender y escuchar cuanta música se interponga en mi camino. Hasta hoy siempre consideré que en mis cortos 20 años había escuchado una gran cantidad de discos esenciales en la historia de la música en general, pero me acabo de llevar una sorpresa tras revisar escrupulosamente la lista de los 1001 discos que hay que escuchar antes de morir (1001 Albums You Must Hear Before You Die), un libro de 960 páginas coordinado por el melómano Robert Dimery y la colaboración de 90 críticos especializados en el tema. Como les decía, me puse a ver la lista, y se me ocurrió contar cuantos de los discos que allí aparecían ya había escuchado, para saber si moriría más o menos satisfecho o no, y mi impresión fue máxima cuando descubrí que había consumido sólo 220 discos de los 1001 que hay que escuchar antes de morir. Veamos, esto es… ¿el 20%, no? Más o menos… Mmm. Poco, pensé que era más. Me sentí, por una parte, desilusionado, pero por otra más enstusiasmado aun, porque creo que de esta lista podemos aprender bastante. Eso sí, obviamente para el criterio subjetivo faltarán varias o quizás demasiadas joyas, o también habrán una que otra placa sobrante innecesariamente agregada en la lista, pero como es la primera lista inventada en la historia de la música que pone en tela de jucio el criterio musical del lector casual, no nos queda otra que considerar el planteamiento de Dimery.

Por cierto, esta es la lista de los 220 álbumes (la punta del Iceberg) que YO he escuchado de los 1001 discos que hay que escuchar antes de morir: (Read more)
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"Sledgehammer" de Peter Gabriel

Antes, los videoclips denotaban en su visionado la constancia, la originalidad y el talento de sus creadores. El caso de Stephen R. Jonson es un excelente ejemplo:, puesto que además de alucinar a un público hastiado de los horrorosos clips que acompañaban a los hits de por entonces, con su video de "Sledgehammer" obtuvo varios premios (entre ellos algunos de MTV). Esto sí que es un videoclip (y una muy buena cancion, por lo demás), mire (y escuche):


Mis 10 (+4) discos favoritos de 2007


Se acaba el año, y las cosas están re locas. Pero bueno, tenía que escribir sobre mis discos favoritos de 2007. Obviamente, (1.-) Iron and Wine –o Sam Beam, como usted quiera llamarle- lo ha logrado otra vez, y con este tremendo álbum llamado The Shepherd's Dog queda patentada solemnemente la evolución en cuanto a términos de composición y a lo instrumental, considerando las estructuras de las canciones y el sonido estremecedor respectivamente, que suavemente emanan cada una de ellas, característica preciada que si bien no supera la emotividad como lo hace en discos anteriores, sí sirve para humedecer los ojos una buena tarde casera. Mejor si está nublado. Mejor si en la casa mamá prepara algunas sopaipillas. Mejor si hace un poco de frío en el ambiente. Sencillamente LO MEJOR.

2.- The Magic Position de Patrick Wolf; Sé que es un racconto luminoso hacia su infancia. Lo sé porque lo leí, pero cuando me cercioré de que era cierto, sentí que desde siempre lo supe: Sólo basta con explorarlo un par de veces y listo, inmediatamente nuestra alma se llena de los más diversos colores y sabores, donde un manojo repleto de sorpresas y sentimientos distribuye las métricas dosis de pop triste y lindo, bailable y saltarín, bailable y lindo, etc. Otro gran logro de este muy joven y muy genial compositor irlandés.

3.- 23 de Blonde Redhead; que es la combinación sonora más perfecta que uno pueda imaginar de lo mejor de los Smashing Pumpkins y lo mejor de Radiohead. Un rock alternativo sumamente poderoso, donde el pop está marcado de perfecciones y desperfectos muy bien trabajados, pensados con exclusividad para cada track. Tan bueno es que me resulta inútil no volverlo a escuchar una vez más tras acabar la última pista. Extrañamente, cada vez que escucho la canción “23”, una desafinación a priori emergente, justo antes del famoso fraseo que simula el coro, me retuerce las barriga de puro placer.

4.- Ghost Is Not Real de Husky Rescue; Es el equivalente al suspiro más agradable y reconfortante que puedas imaginar en el momento más tortuoso de tu vida; atmósferas tan envolventes que al final del disco uno se desvanece… y cuesta volver en sí, es difícil introducirse nuevamente en la realidad, después de bañarse de las tantas aterciopeladas vibraciones que Ghost Is Not Real concede.

5.- Smokey Rolls Down Thunder Canyon de Devendra Banhart; ¡Y cómo no! La sabiduría juguetona e introspectiva de este tremendo cantautor, junto a su rústica, cruda -y por lo tanto honesta, perforadora- y sencilla psicodelia desplegada en su Smokey Rolls Down Thunder Canyon demuestran una vez más hasta donde pude expandir la mente un tipo con una guitarra acústica… y todo lo que viene después… un universo esperando por ser conquistado. Gloriosamente Low – Fi. (Read more)


"Stevie's Spanking", ¡Frank Zappa y Steve Vai dejando la cagada misma!

Sin palabras [...]


¿Eres tú... Santa Claus?

Feliz Navidad para todos de parte de mí y de Buster Poindexter, con su clásico ochentero "Zat You, Santa Claus?". Armonía para todos... y un próspero año nuevo... ¡Saludos!

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