Ya tirada en el piso, la monja, cerró la puerta y me envolvió la oscuridad total, recuerdo todos los detalles, completos, mis ojos bañados de lágrimas ayudaban a que todo fuera más oscuro y feo. Me quedé acurrucada en un rinconcito, asustada y temblorosa, ya estaba advertida de no gritar, ni pedir ayuda. Poco a poco, mis ojos se fueron adaptando a la oscuridad y empecé a revisar, sin moverme, lo que me rodeaba, ví que era muy pequeño y
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