A la chucha con la
secuencia de día 1, día 2, día… a la mierda.
Y pasó.
Finalmente pasó. Lo anticipado,
gritado, llorado, dicho y amenazado, pasó. Te fuiste. De noche.
Traté de impedírtelo, pero no con la
convicción que me caracteriza.
Repetías y repetías: “tantas veces lo
he dicho, lo voy a hacer, ahora sí lo voy a hacer.” Parecía un
rezo. Un convencimiento inconvincente, por eso la repetición.
Me quedé bañada en pena, envuelta en
recuerdos e insomne.
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