Cuando volví, el daño era irreversible. Lo queramos o no nuestras acciones en el tiempo trazan sin piedad, sin tomar en cuenta lo aprendido, nuestro destino. Lo que ayer pudimos ser, lo que ayer olvidamos, a quienes ayer herimos hoy nos definen. No es que así lo queramos. Quisiera con toda mi alma poder perdonarla, mirarla a los ojos y decirle que ya no le guardo rencor, que las heridas al fin sanaron. Pero no es así. El perdón se tilda divino y como negado a mi mortalidad. Lo siento.
Quizás fuese mi corta edad en el momento impreciso en
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