Nadie te dijo cómo iba a suceder, nadie tuvo la más minina delicadeza de advertirte; te lanzaron a ese abismo de su voz, de sus temores, de sus sueños y sus monstruos. Ahí estabas, qué le ibas a hacer, a dónde ibas a escapar. Nadie nunca te dijo nada, todos sabían, todos callaron, te vieron alejarte, entrar en él y dieron la media vuelta, encendieron otro cigarrillo y continuaron tranquilos.
Era un vértigo, ese confuso mundo de un otro, un
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