El lanzamiento de boomerang es un deporte solitario cargado de poesía: hay un diálogo con el viento, la coreografía necesaria para ponerlo en movimiento, luego el vuelo y la contemplación, después el retorno al punto de partida que genera una metáfora muy poderosa para nuestras vidas, y durante todo ese proceso, la introspección. Los pensamientos, las ideas, las emociones también, van y vienen, a toda velocidad.
Luego queda el dolor del brazo. Pero además está ese raro alivio que produce una actividad en la cual hay una descarga de naturaleza casi sentimental. Es como pegarle a una pared. Sólo que

