Ahí va la Vero con la cabeza gacha. Mientras camina va pensando que por último está bien, que ha tenido algún sentido, que gracias a ese maricón ha vivido todas las emociones humanas, o por lo menos, todas las que a ella se le ocurren. Una tras otra, indiferencia, curiosidad, amistad, ilusión, expectativa, cariño, amor, pasión, todo eso en ascendente. Después el descenso en picada, inquietud, temor, ansiedad, abandono, pena, dolor, rabia, odio, desprecio. Tremendo entrenamiento, se va diciendo. Debo tener el corazón musculoso. De infarto si que no me muero. Pero sigue sin comprender. Aúnque ahora lo desprecia, porque es un ser bastante despreciable, seamos objetivos. Nada era cierto, por supuesto. Eran verdades a medias, más bien encubrimientos, más ruido que las nueces le queda chico. Una pantomima. O, no, no era eso.
(Read more)
