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GIMNASIA - SEGUNDA PARTE

Posted by Andrea Brandes in Los cuentos de cada día on 30/06/2006 at 09:01 AM

Ya pasó un año desde mi primera visita al gimnasio. Esa experiencia
fue el material de mi segundo artículo en el blog. (Lo publico a continuación por si alguien se anima a leerlo).
Gracias a esta rutina, logré mover algo del tejido adiposo y reactivar un par de endorfinas. Lo inquietante ha sido el efecto secundario: la pérdida (gradual) del sentido del ridículo. Sin pudor, he pasado a integrar el coro de las que cantan "dame de beber aguita de tu bo-ca" o "pásame la botella, tantantan, voy a beber en nombre della", o mejor todavía y a grito pelado: "desde que te perdí,se están enamorando todos de mi...desde que te perdí, las puertas se me han abierto de par en par,y se me abrió hasta la puerta de Alcalá" (toma!!).

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Gimnasia

Posted by Andrea Brandes in Los cuentos de cada día on 29/06/2006 at 05:50 PM

Llegó el tiempo, se cumplió el plazo fatal. Ya no disimulo el sobrepeso y necesito hacer gimnasia. Me sobran rollos carnales y mentales, mucha grasa y pocas endorfinas. Me inscribo en un gimnasio y al cuarto mes de cargo automàtico a mi cuenta corriente, me animo a ir a mi primera clase de gimnasia entretenida ( o algo así). Llego vestida como el pariente pobre, con un pantalón de buzo de una de mis hijas, que me queda corto, y una polera con un loro verde, que ocacionalemente uso de pijamas. Menos mal que salvan las zapatillas ( primera postura) . Antes de entrar, ya estoy transpirando. Se me olvidó la clave y tengo trancada la cola.
Llego a la sala de baile-gimnasia. Frente a un espejo descomunal, se instalan las mujeres por orden de jerarquía. Es un orden tácito que descifro apenas entro. En primera línea, con vista panorámica de si mismas, están las atléticas, las más jóvenes y una que otra añosa fiel que se sabe los pasos. La segunda fila se compone de ambiciosas ascendentes y de unas cuantas pobres que fueron desplazadas a codazos. En tercera fila bailan las resignadas, las despreocupadas, las piolitas y las que están dando pecho.
Y está la cuarta fila, la última en la escala social. Ahí bailan las recién llegadas, las gordas, las tiesas, las señoras mayores, las tímidas y todas las pobrecitas que están acostumbradas, por una cuestión de supervivencia emocional, a evitar el espejo.

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