Hace unos años, cundo lo leí, me hechizo. Estaba ante una obra que por primera vez pudo mostrarme de lo que eran capaces las letras. Ni siquiera Cien años de Soledad, ni nada de Garcia Marquez, ni Vargas Llosa, ni ninguno de los vilipendiados del boom. Fui “obligado” a leer a Sabato, Borges y Cortazar, también a Carpentier, pero ni siquiera él. Fue Donoso. Cuando, bajo, nuevamente, presión, tuve- que quede
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