Los veía por doquier, era imposible que no fueran ellos. Estaban en cada lugar que iba. El nissan verde y el jeep blanco que se paraba fuera de mi casa y me acompañaba al trabajo, tenía un sospechoso aspecto, algo estaba sucediendo y no me había enterado, no creía que supieran lo de la bitácora y menos lo del códice estaban en perfecto camuflaje sólo quedaba ir a Madrid y entregarlo pasarlo por el tedioso control y las aduanas. Pero lo había hecho antes, sólo tenía que mover una exposición en la embajada de España y Daryl Barlet lo tendría.
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