
La visita de la Presidenta a la República Popular China, fue marcada por sendas declaraciones – y desafortunadas a la vez - que merecen ser analizadas desde el punto de vista de la consecuencia ética que debe iluminar nuestro pensamiento, articular nuestras palabras y guiar nuestros actos.
Me refiero obviamente a la “posición chilena” (que estoy seguro, la mayoría rechaza) sobre el tema del Tíbet y Taiwán. No es posible que para nuestro país la solución a los sufrimientos del pueblo tibetano sea un asunto interno de China que no merezca rechazo y condena internacional. Tampoco, que las continuas amenazas
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