Hay libros que necesariamente hay que leer. Y a veces, releer. Este no, se lee solo. Basta pasar la mirada por las palabras y comienza la historia. Es más, la protagonista relata su historia, para quien quiera escucharla. Después de eso, sólo basta un poco de tiempo para dejar de oírla. Y de verla, cuando este libro llega a su fin. Así de simple. Ágil, rápido, entretenido por lo misterioso, por lo trágico, por lo crudo de las relaciones familiares que posee y que con el paso de las páginas se va tejiendo.

