Siempre les cuento esto a los urbanos... o ruedas flacas, como les digo yo.
Rodar en el bosque es distinto a cuarquier experiencia ciclista que se tenga. Ni una adrenalínica escaramuza klandestina por las calles ni una bajada infernal por una ladera pelada y empinada pueden conseguir la extraña y narcotizante sensación que generalmente producen los retorcidos túneles arboreos . Cuando la experiencia se repite puedes llegar a ser dependiente de este estado entre nevuloso y subliminal. Quizas los aromas de la selva Valdiviana, llena de líquenes y hongos acompañados del esfuerzo físico ejerzan una especie de trance primitivo y
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