La persona va caminando ensimismada, trota con el tambor de un miocardio.
El hombrecillo tan blanco no se turba por su desnudez de tonina en su mar de arena y dunas olor a Jorge.
Saltando juega con sus piernas mancas y su cuello, que se une a mi brazo, no se doblega a ser extremidad prisionera de mi cuerpo.
Es que mi mano, en su afán de Principito extraterrestre se vuelve personaje en miniatura cuando camina por tu lomo de musaraña, mientras la persiana suda sobre nosotros dos lo que queda del sol afuera.
Parece que vi
(Read more)
