
Antes de contar un chiste, mejor piensalo dos veces, ya que si el chiste no cae en gracia, la audiencia puede abuchearte y hostigarte hasta aplastar tu autoestima.
En una de sus investigaciones , Nancy Bell, lingüista de la Universidad Estatal de Washington ha encontrado que contar chistes malos llena a los oyentes de molestia y que el bromista suele convertirse en objeto de hostilidad por parte de los mismos, provocando miradas desaprobadoras, insultos y hasta pequeños golpes en el brazo.
La hostilidad se manifiesta en la forma de exclusión social o incluso de humillación del mal bromista. Ojo que
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La
sexualidad femenina, muchas veces es analizada como un tema complejo
que responde a factores emocionales. Sin embargo en el hombre existen
trastornos comúnes, que rara vez son expuestos. En esta primera
entrega, me voy a dedicar a exponer uno de ellos:...