Desde hace varios años vengo reflexionando en el fracaso empresarial, primero como una fuente de frustración personal, y poco a poco en la medida que han pasado los años, en las posibles formas de capitalizarlo para lograr éxitos personales y del prójimo. Inevitablemente mis reflexiones terminaban en múltiples ocasiones en la cultura general latinoamericana de estigmatización del fracaso, y en lo duro que resulta para quien fracasa, y que no le sobra autoestima, volver a emprender. Los bancos, los proveedores,
(Leer más)