Siempre que llueve, la sensación que tengo, al caminar por las calles mojadas, es de una gran vulnerabilidad. El temor a resbalar y caer está muy presente. Percibo que mi inseguridad aumenta esta noche fría y quiero salir luego de aquí. Pienso que si tomo el último metro será más oportuno.
Encaro la entrada y me llama la atención lo ensombrecido que a esta hora está, me parece una boca de lobo. El anciano que yace sobre cartones, en el piso ya no tiene fuerzas ni para pedir limosna y ni los perros que lo acompañan se percatan de
(Read more)
