Fui madre a los siete años. También fui modelo y físico nuclear a los nueve. Si no me cree tiene que recordar nada más qué rol asumía usted cuando jugaba en su infancia. Yo le puedo contar, por ejemplo, que fui la heroína mística que montó la peor de las bestias salvajes, que a simple vista engañaba con su facha de perro humilde en mi patio.
Jugar a ser otra persona siempre me causó placer insistente. Pero cuando crecí ya no era tan fácil dedicarme a ser otra, la edad afecta el criterio y es por eso que tuve que
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