
Hablar de Fraternidad en estos tiempos que vivimos quizá no es difícil, probablemente nunca lo ha sido.
Sin embargo el practicarla como virtud, como esperanza de alcanzar la libertad en el sentido más amplio de la palabra, como ideal del humanismo integral para lograr sufragar las necesidades primarias, se ha trasformado en algo muchas veces difícil de realizar.
Es arduo el camino que nos conduce a entender que todo hombre de cualquier raza y credo es igual a nosotros mismos y merece los mismos derechos y obligaciones.
Idealmente es anteponer las necesidades de los demás a las nuestras y tratar de hacer posible la felicidad de todos. Es obrar un cambio interno y abordar de modo constructivo nuestros pensamientos y emociones.









