La verdad es que de dulce, poco y nada va quedando.
Hoy me toca salir con mi madre y con mi hermano a comprar algunos regalos de Navidad. No tenía muchas ganas, pero como me lo pidieron y el regalo principal es para el bebé, no pude decir que no.
Pero eso y conversando con un amigo me hizo pensar en que estas fiestas se convierten en un ejercicio compulsivo de compras. Basta salir a la calle y ver a todos con el paquete más grande, con el rosetón más fino y el papel más elegante. Los pobres Viejos Pascueros
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