Bella, posaba para mis fotografías entre risas y correteos, a sus catorce años era toda una mujer (ser mujer no implica tener edad). Fuerte y tierna, ágilmente divertida, diversa, con chistes oportunos y la piel naciente de su cara de luna. Junto a su hermano urdía un sin fin de juegos?Saltando entre los paltos, añejos ya; plantados por su abuelo en esa tierra linda, con olor a campo mojado, tierra áspera que dejaba rasguños en sus piernas, los que no advertíamos por la constante energía que nos envolvía.
Su risa, llena de colores, un sin fin de alegría, de
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