Volviendo a mi casa, en solitario, de otro modo nunca me habría puesto a pensar en estas cosas, me fijé en el hombre, de los que ahora llaman “sin-techo”, que se acurruca con timidez entre un buzón de correos y una señal de prohibido aparcar, enfrente de un escaparate con una enorme pantalla de plasma en la que puede verse el fútbol.
Para ese hombre probablemente ese escaparate es lo mejor que le ocurre en toda la semana, y los goles, su mayor alegría, acurrucado en la calle, procurando no molestar a nadie, ve el partido entre las piernas de
(Read more)