Todos los días de mi vida mortal, recuerdo a mi padre amado. Era muy sabio y creo que yo aproveché al máximo esa sabiduría, la que entregaba sin limitaciones ni egoismo.
Mi padre, ese hombre del que siempre les hablo, me enseñó a trabajar desde muy pequeña. A los 12 años era una obrera más en su taller, pues él era maestro tapicero. Me enseñó a coser en máquinas industriales, a desarmar los muebles y luego a armarlos, me enseñó la venta del negocio, a llevar las cuentas y fue con él que conocí el concepto de costo de
(Read more)
