Era un ser de agua,
evaporado entre mis pinceles de infancia,
cuyas líneas del rostro se desdibujaban
de tanto ser plasmado.
Era un ser de aire,
que lograba mover las formas
de mis nubes de algodón.
Era un ser de tierra,
que traía dentro de sí el germen
de todo lo que brotaba en mi vida.
Era un ser de fuego,
que me entibiaba en esas
mis noches de mayor frío.
Era un ser medio fantasma,
que entraba y salía
(Leer más)