Hasta mediados de la década del '70, en Chile se vivía en un
completo estado de enajenación mental económica. Un burócrata estatal
encerrado en su oficina de la tristemente célebre DIRINCO decidía con
su omnisapiencia, por ejemplo, el precio que debía tener el hot-dog
especial tomate en la ciudad de Antofagasta.
Como las
decisiones que tomaban los burócratas de la DIRINCO no estaban basadas
en criterios técnicos de relación costo-utilidad marginal, tamaño de
mercado, etc., resultó que los precios no
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