Desde hace un tiempo atrás que se había percatado de la ya endémica falta de alimento.
Los tiempos no eran buenos. Tapándose la cara con vergüenza, con miedo, daba la espalda al ejército invasor que observaba vigilante sus pasos, odioso ejército de pseudo-intelectuales, literatos y artistas reclutados por editoriales shúper-artísticas-ashí como corresponsales de guerra.
¡Esos malditos saqueadores! Se habían llevado todo. Todo.
El maldito pescado apestoso, colega en la batalla contra la invasión libresca, había resultado derrotado en sucesivas ocasiones,
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