Capítulo V - Mis Agentes Secretos
No me extrañaría que con las pistas dadas en el capítulo anterior, los atolondrados de siempre ya estarán pegando, a tontas y a locas, la o las imágenes que han elegido para que me representen en el álbum. Calma y prudencia señoras y señores, no vaya a ser que se lo pasen pegando y despegando y mi álbum les quede un mamarracho. No sería nada de extraño que cada mañana, en cada despertar y sobre todo bajo la ducha, cuando la mente de los hombres se ilumina como soplete, vayan descubriendo nuevos aspirantes con más méritos para esta egoiconografía.
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A todas y todos los que me alientan con sus generosos comentarios benevolentes a seguir agregando capítulos a mi peculiar ensayo sobre El Ego, les doy mis infinitas gracias y si no paran de alabarlos (y aunque por egoísta aburrimiento dejen de hacerlo) les condeno a seguir leyéndolos. Una frecuencia fija no les puedo prometer, un capítulo por semana podría ser mi intención, pero tantas veces, como la falta de inspiración me silencie, podré quedarme en blanco y no ponerle a mis escritos, obviamente, su debido color. Así y todo nunca desfallezcan, la iluminación siempre se despierta para los espíritus