por Nicolás Leyton
en ese tambaleo de pastero apagado
sin poema al tarro en flor
flor furiosa floribunda
oriunda de pantanos insipientes
habitados por motas resinosas
creadoras de parsimoniosas resurrecciones,
y de neuronas que ma das
en cigarrillos proféticos
hechos con cardos poéticos
que maduran junto
alambradas frenéticas
redentoras enjauladas
cercadas, rodeadas
por manos, calladas, cerradas
las palmas, lavadas
o colgadas o clavadas
como buen cristiano crisantemo:
el señor de los abismos es una flor;
el poema: una yegua mal parida;
bastarda, solapadamente dulce
furiosamente tierna, a ratos, zorra,
algunas noches, monja,
concubina del cura, sacristán,
en otras palabras,

