Sinceramente, soy un lector de ficciones. Siempre me han dado lata esos libros periodísticos, estudios, conclusiones de cosas que pasan fuera de la mente de los autores o dentro de ella pero sin trama. Pero cuando la realidad alcanza los límites de la imaginación, no hago distinciones.
Centroamérica, entre muchos otros lugares del mundo, sufre de una pobreza extrema. Son millones los casos de niños que crecen entre basurales, hambre, drogas y pandillas. Todas necesidades para la existencia, sí, necesidades.
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