Aunque ya hubo ocasión de tratar con las polillas y, en vista que parecen emigrar por su cuenta con el frío del otoño, igual quedaron bolitas de reserva, aunque no sé si sirvan de mucho esta vez.
Con esto de que las cañas después de cada noche de rumba se me extienden por períodos más y más prolongados, convirtiendo aquello de "los años no pasan en vano" en el slogan de mi autobiografía, ha habido que limitar la ingesta de destilados. Y dado que sin una gota de alcohol, mi reprimida y represiva persona es absolutamente incapaz de ahondar en
(Read more)
