Cuando decidí dedicarme a la psicología infantil mi mundo cambio completamente, comencé a preocuparme de entenderlos más, de entender sus intereses y de intruducirme en su mundo. He visto cuanto monito animado hay, he comprendido el valor de los juegos de rol, de computación y he aprendido a bajar el moño y a replantear lo que estoy diciendo cuando un adolescente me manda a la cresta. He sentido rabia y he aprendido a controlarla cuando los padres llegan alegando por las conductas de sus hijos, siendo que muchas de las veces son ellos los culpables. Me he encantado con cada
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