Todo comenzó hace unos mmm, cuatro años. Había un lindo y pequeño ejemplar, lo saqué con cuidado y me lo llevé a la fiesta, estaba con mis amigos del cole. De vuelta, en casa, lo planté con mucho amor. Tuvo tres hijos, la continuaidad garantizada. Entonces, ya que la madre estaba cayéndose a un lado y era primavera, la corté, como debe ser. Investigué, seguí el mejor proceso: lo sequé al sol. Sacarle las espinas y la piel se sentía como estar llevando a cabo un sacrificio.
Con quién iva a hacer el viajesito era algo obvio, con el mismo amigo con quien lo he hecho siempre. Porque en realidad, todo comenzó en Toconao hace 10 años.
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