Tenía los ojos verdes
la niña de Pichilemu.
como la flor del almendro.
Allá en el balneario
suspiraban los labriegos:
¡Oh que muchacha tan linda
nacida bajo ese cielo!
Vestía siempre de blanco
y un pantalón marinero,
la niña que caminaba
siempre airosa por el pueblo.
A veces por la mañana
se encaminaba ligero
hacia el cristal de las aguas
que retrataba su cuerpo.
Como dos albas palomas
emergían firmes sus senos.
Nadie la vio tan hermosa
como mis ojos y el cielo.
Durmió para siempre un día,
la niña de Pichilemu.
Una cruel enfermedad
puso (Read more)

