Cada
tarde, desde siempre, te recuerdo,
te
recuerdo desde el tiempo en que sólo fuimos agua,
y te
recuerdo desde el tiempo en que seremos,
te
recuerdo en miel, en plegaria y en conjuro,
te
recuerdo en esa marca dulce de gata que llevo en el cuello,
desde cuando
enroscamos el deseo y la saliva,
te
recuerdo en el tiempo en que colgué treinta noches
sobre el
agua ardiente de tus pechos,
y me
recuerdo atado a ti, a la perfecta magia de los siglos
cuando en
tu guerra era tu piel la única piel que me abrigaba,
te recuerdo (Read more)

