No soy nada más que el viejo solitario de la tarde, que empuña afiebrado un vaso de ron mientras escribe toda su tristeza de niebla, como una yegua loca, chupándose lentamente las lágrimas grises. Soy amarillo y deslucido en un invierno sin lluvia ni certidumbres. En mi quieta y separada pieza me envuelven oscuros y áspero papeles, caminando con sigilo para no despertar a la bestia que lo habita, mirando como gota a gota se me escapa el cielo en la metálica bruma de una tardía garúa, cuidando y afirmando a los terribles potros que cabalgan mi arcano vicio de (Read more)

