A pesar de los prejuicios (y las portadas recientes de los diarios), el periodismo puede brindarnos las más cercanas, emocionantes y elocuentes historias personales. Me refiero a esas historias sobre aspectos a veces privados, íntimos, pero que se muestran con un manejo periodístico intachable. Esto implica un respeto básico por las fuentes entrevistadas; también, por supuesto, trascendencia e importancia social. Además: cuando el periodismo está muy bien logrado, produce belleza y goce estético. Por qué no.
Esta reflexión surge a propósito de Los suicidas del fin del mundo, un excelente libro de Leila Guerriero. Esta periodista argentina -que trabaja
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