Acostumbramos mirar la desigualdad económica como un fenómeno estadístico - p. ej., las mediciones de desigualdad de ingresos. Sin embargo, la desigualdad debe ser interpretada como una vivencia, como percepciones experimentadas por los actores involucrados, si queremos sacar de ella conclusiones que nos permitan entender comportamientos sociales. Podemos pensar la desigualdad como una interpretación que hacemos de quiénes somos en la sociedad en que vivimos y quiénes son los otros que también participan de ella. En esta interpretación, es posible que la sociedad se divida en "unos" y "otros". Unos, se sentirán mirados en menos, como perdedores y fracasados; otros,
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