Miro los escaparates, practicando una de las distracciones comunes que tenemos todos a nuestra disposición. Dependiendo de la luz solar, de la luminosidad general de cada hora, los escaparates reflejan mejor o peor la mirada que quiere transparentarlos. Asi me encontré inesperadamente con una nítida imagen de mi mismo en la vitrina de una tienda de ropas.Por una fracción de segundo vi mi imagen como una aparición del pasado, de un pasado quizás muy inmediato pero pasado, como alguien ya hecho, como alguien presente incambiable en si mismo, con una clara percepción de algo del pasado hecho (Read more)

Estuve releyendo algunas de las cosas que me publicaron hace unos meses en el blog Recuperando Libertad y - ¿saben? - me gustaron. Especialmente las dos o tres notas que se inician con
El espacio, recuerdo bien, era un lugar de lugares. El lugar es para quedarse. No son los lugares puntos de paso, como un restaurante a la orilla del camino o una estación de servicio o una plaza de pago de peaje, o un aeropuerto. En un lugar la velocidad se hace cero; había tiempo para usar.
Se me vienen encima los recuerdos mirando la vaga silueta de mi reflejo en el vidrio de un escaparate. Casi nací, y si me crié, en Chillán. Punto en el troncal principal del ramal más extremo del mundo: Chile. Y todavía un poco más excéntrico, unos kilómetros hacia los trumaos que el Volcán Chillán ha desparramado por los primeros cerros que cierran el valle central.
Camino sin apuro hacia la plaza. Me observo caminando y me doy cuenta de algo obvio: aprendí a caminar, pero no me acuerdo cuándo ni cómo; nada. Se que si no me enseñaban a caminar no estaría caminando hoy -hay que aprender a hacerlo. No caminamos los seres humanos de manera natural debido a nuestra estructura corporal.