Los griegos tenían este término para hablar del comportamiento humano caracterizado por una arrogancia desafiante frente a los dioses, por una ambición desmesurada que, temeraria e insolentemente, cree que puede obtener más que aquello que el destino le permite. Hubris. Pero los dioses castigan el hubris como lo muestra Icaro cayendo con las alas derretidas camino al sol, y sobretodo Prometeo encadenado para siempre a una alta montaña por haber engañado a Zeus y robado el fuego de los dioses y regalarlo a los mortales.
¿Cómo es posible la desmesura desafiante a los dioses? Los dioses son los responsables, creen los griegos; ellos ciegan y enloquecen al ser humano que quieren perder, haciéndole invisible la desmesura de su conducta.
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Estuve bajo los milenarios alerces de Pumalín; alerces que, seguramente gracias exclusivamente a Mr. Tompkins, siguen en pié. Más que emocionan; sobrecogen.
El viernes 4 en Pichilemu, por invitación de Jorge Domínguez, trabajé con los equipos de dirección de los diarios ciudadanos regionales.