Cuando niña de jumper,
volvía a casa desde el mundo grande,
envuelta en soñares y cavilaciones de bolsón,
y el acercarse de la puerta,
que una vez franqueada,
cerraba el espacio que contenía,
en épocas constreñía,
cobijaba y arrepollaba anidados sentires, pesares, andanzas y pensares de esa yo que era entonces,
me animaba el paso de calcetín semi-vencido,
el espejismo de la posibilidad de que quizás justo justo Ese día
algo inesperado, deliciosamente sorprendente, almibaradamente fantaseado, emergiera en medio del tempo y ritmo tan conocidos, que ya casi predecibles,rozaban en ocasiones la letanía de lo igual.
... y en el tramo caminable entre el mundo de afuera y hogar adentro, pequeños sabrosos cortometrajes imaginarios en primerisisima persona, acerca de la hechizistica irrupción de un algo que girara el acontecer, me poblaban de expectativas
esperanzando una sorpresa....
y el personaje principal, portador de la probabilidad de inflexión cotidiana de los 70 y los 80,
era para mi el legendario señor cartero y su bolso cargado de ¡¡"quizás es para mi"!! o ¿se detendrá aquí en el 1919?
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