Dos pipeños y una piscola al seco
tres palabras escupidas con rabia
tres o cuatro lágrimas con el bolero "amor perverso"
reescuhado hasta la rayadura en la voz de Palmenia
fueron suficiente para mandarte a la punta del cerro
donde crecen apenas algunos cactus
y las piedras hieren la piel que las roza.
Después del último brindis con el "Chelo",
otrora futbolista de piernas de alicate
juré no volver a recordarte
¿pero cuántas cosas juramos sin jamás cumplirlas?
¿Cuántas veces nos empelotamos de buenas y a primeras?
¿Cuántos habitantes de la Tierra nos han visto el culo?
¿Cuántos anónimos crecen
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