Llevo tres días de viaje. Me siento liviana a pesar del cansancio, el hecho de que haya decidido detenerme y pasar la noche en el auto me ha hecho sentir ajena al miedo, me despertó la claridad azul y solo en ese momento me di cuenta de que el cuerpo estaba incomodo y un poco adolorido, pero el sueño de esas pocas horas fue pesado, aprovechado, parece que solo necesito viajar y dormir, lejanía. Cuando pase por Chillán y converse con el Señor Esteban, sentados en la plaza, su rostro se me hizo preciso, como si necesitara conocerlo, la piel
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