Los antiguos buses amarillos daban un buen servicio. Eran medio feos, contaminantes y toscos, pero cumplían horarios, circulaban fluidamente por todo Santiago y no eran caros. Y habrían sido más baratos si el Estado no los hubiera sobrerregulado tanto y permitido una mayor competencia de taxis, liebres, buses viejos, piratas, colectivos, autos usados importados, etcétera. Esto, además de tributos más reducidos. La política oficial de impuesto bajo al diésel y alto a las bencinas era y es tonta, y la
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