

???Mrs.Bingley, secretaria de dirección de un importante negocio de exportación de Londres, tomaba cada tarde un tren de cercanías en la estación de Euston para volver a su casa. Una tarde, sin comprenderlo, atravesó toda la estación y se instaló en un tren con destino a Escocia. Tuvo que esperar la salida durante más de media hora, pero por miedo a cambiar de opinión no bajó ni para comprar el billete. Sabía muy bien que iría hasta Glasgow, a casa de su padre, pero no sabía el motivo. Tampoco sabía por qué no llamaba a su casa para prevenirlos, o lo que hubiera sido más sencillo, a casa de su padre en Glasgow para saber si todo iba bien. Ir allí se había convertido simplemente en la cosa más importante. Mientras el tren avanzaba en la noche, Mrs. Bingley intentó razonar, comprender. ¿Cómo y por qué una mujer equilibrada, ponderada, reflexiva, podía dejar a sus hijos y a su esposo en aquella inquietud? No halló respuesta ni pudo conciliar el sueño. Afortunadamente, llevaba suficiente dinero en su bolso para poder satisfacer el importe del billete cuando pasara el revisor.
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