Allí estaba metido en una situación un tanto extraña. Miraba a mi lado y nada me era familiar, menos algún conocido... ¿dónde estaba? Las paredes parecían estar a miles de kilómetros, situadas más allá del horizonte y del espeso humo que invadía mi alma. Hablar de conquistas a estas alturas no es ninguna gracia - me decía - pero esos ojos azules al final de aquel horizonte casi de fantasmas, me atraían con sutiles señales como el sonido del viento en abril, allí en mi casa del Parque Forestal.
- ¿Cómo te llamas? - pregunté.
- Sofía Alué - me
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