Allí estaba metido en una situación un tanto extraña. Miraba a mi lado y nada me era familiar, menos algún conocido... ¿dónde estaba? Las paredes parecían estar a miles de kilómetros, situadas más allá del horizonte y del espeso humo que invadía mi alma. Hablar de conquistas a estas alturas no es ninguna gracia - me decía - pero esos ojos azules al final de aquel horizonte casi de fantasmas, me atraían con sutiles señales como el sonido del viento
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