Siendo trabajadora social veía una y otra vez cómo buenas iniciativas chocaban contra el muro del aparato del Estado y cómo las intenciones se atascaban en las enredaderas de la administración pública. Un espacio en donde me parecía que los informes valían más que las personas, también debo decir que en medio de eso veía héroes y heroínas que desde el servicio público se la jugaban por las cosas en las que creían, que hacían un doble trabajo: cumpliendo con
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