Lo primero que hay que admitir es que el juicio que distingue lo verdadero de lo no-verdadero está sometido a ciertas condiciones y a un régimen de constitución de la verdad. La modernidad ha desplazado el fundamento externo que dotaba de verdad a la cosa en la esfera premoderna. Aquella petición de principio que le daba su carácter real al objeto, de existir aún, su notoriedad es difusa.
La nueva experiencia moderna ha inaugurado el repliegue de todas aquellas nociones que se tenían por objetivas. La moral ahora se vuelca sobre la propia conciencia y debe ser fundada como una

