Así tu esencia se devana entre los pixeles de mi computadora. Yo creí, yo creí. Ilusamente. Tontamente. Me llamaron ingenua. Recogí mis sentidos y los conecté al ciber. Entonces apareciste.
Como una estrella solitaria en medio de la noche. Por fin conectado a mí. Y también conectada. Aquí, aquí! ¡Mírame! ¡Háblame! Pero eran soliloquios de cristal los que sostenía y una red invisible de fibra óptica nos entrelazaba. O creía. Porque ella jugaba a ser él y ella inconmovible en su asiento cifrado creyó ser humana. No obstante, todo se perdía entre la difusa estratagema -simple por lo demás -
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